Pedro Guerra en La Paz

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Pedro Guerra nació en Güímar, Tenerife (Canarias), el 2 de junio de 1966. Empezó muy joven a tocar la guitarra, actuando, con tan sólo 16 años, en fiestas y locales de todo Canarias. A los 18 años se trasladó a la ciudad universitaria de La Laguna integrándose en la actividad cultural de Tenerife. Estudió música en el Conservatorio y preparó algunos cursos "libre" con profesores particulares, llegando hasta cuarto de solfeo y tercero de guitarra. Logró una buena base técnica en algunas academias de música moderna, estudiando algo de armonía y piano. 

Fue en La Laguna donde conoce a muchos otros cantautores entre los que se encuentran Andrés Molina, Rogelio Botanz y Marisa Delgado. Junto a estos tres músicos Pedro Guerra forma el Taller Canario de Canción en 1985. Marisa abandonaría el grupo un año después. 

La primera experiencia discográfica de Pedro Guerra tiene lugar en 1985, gracias a una iniciativa del Gobierno de Canarias y del Centro de la Cultura Popular Canaria. En ese entonces participó en los temas Entre nieblas, Acuérdate de mí, Cathaysa y Endecha del álbum "Nueva Canción Canaria", editado por estas dos instituciones. Pedro Guerra, en aquel entonces conocido como Pedro Manuel, se convertirá en uno de los mayores referentes de la nueva generación de Nueva Canción Canaria, caracterizada por una fuerte reivindicación tanto social como nacionalista e internacionalista, y por el uso de sonoridades del folclore canario, fusionadas con música moderna, música latina y música norteafricana.  Taller Canario de Canción (conocido más adelante como "Taller" a secas) se convertirá en uno de los grupos fundamentales de la Nueva Canción Canaria, que renacerá a mediados de los 80 tras la "crisis" sufrida a inicios de esta década. Esa etapa duró ocho años, y Pedro la define como una etapa de construcción, aprendizaje y fabricación de amistad y canciones. Para Pedro fue también una experiencia vital e ideológica, que concluyó en 1993 con un regreso a la guitarra y a lo personal, que le hizo viajar hasta Madrid.

Una vez instalado en Madrid, Pedro empieza a actuar en pequeñas salas de conciertos: Libertad 8, Café del Foro, Alfil, etc, ganando para sí un público fiel e incondicional. Simultáneamente colabora con otros artistas como músico y compositor, entre los que se cuenta Ana Belén, Víctor Manuel, Joaquín Sabina, Javier Álvarez, Paloma San Basilio, Amistades Peligrosas y el grupo Cómplices.

Fue en 1994 cuando una discográfica, BMG-Ariola, convenció a Pedro para grabar su primer disco, registrado en un estudio de Río de Janeiro, en Brasil, pero que no llegó a salir a la luz porque Pedro consideró que no le representaba, y que debía y quería mostrar otra cosa. Ese disco incluía todas las canciones que luego salieron publicadas en su primer disco en solitario, junto a otros tres: Greta, Todo es desorden y Pregunta por tí. "Golosinas" se llamo el disco y partió con un riesgo considerable: era su primer álbum y además estaba grabado en directo. 

 

A principios de 1997, vería la luz su segundo disco en solitario, "Tan cerca de mi". Grabado a caballo entre Madrid y París, y con productores diferentes, representó una experiencia también diferente. El buen hacer de Pedro le sirvió para realizar una extensísima gira por toda España y América Latina.

En octubre de 1998, Pedro editó un disco al margen de su trayectoria personal como cantautor: la Banda Sonora Original de la película Mararía, con más de veinte temas instrumentales y uno solo con su voz, todos orquestados por la orquesta filarmónica de Gran Canaria.

En febrero de 1999 se produjo el lanzamiento de "Raíz" y que ha ido acompañado de una extensa gira por España y Latinoamérica, un disco donde recupera sonoridades propias de la música canaria, así como temas de tipo social (incluyéndose un poema del subcomandante Marcos).

“Ofrenda” (2001) es un canto al mestizaje, fusionando elementos musicales de muy diversos orígenes.

En el año 2001 el Auditorio Alfredo Krauss de Las Palmas de Gran Canaria le encargará una obra para ser estrenada a finales de ese año. Pedro Guerra realiza un trabajo que gira en torno a la temática de la mujer y la discriminación que esta sufre en todo el mundo. En el año (2002) publica un disco con el resultado de dicho trabajo, y que llevará por título “Hijas de Eva”, contando con la colaboración de Silvio Rodríguez y Fito Páez. 

En el 2003 realizará una gira con el poeta Ángel González de la que saldrá el disco “La palabra en el aire”, en el que el poeta recita, y Pedro Guerra canta poemas musicados. 

“Bolsillos” (2004) es una obra con sonidos más sencillos, sin demasiadas estridencias, y temas comprometidos. También es un disco donde el artista echa una mirada hacia atrás, hacia su juventud.

Tras un descanso de tres años, Pedro Guerra publica su siguiente disco el 29 de enero de 2008 con el título de “Vidas”, con catorce nuevos temas, dos de ellos ("Lara" y "Cuando llegó Pedro"), dedicados a sus dos hijos. 

En septiembre de 2009 lanza "Alma mía. Versiones Vol.1" es el primero de dos volúmenes de un proyecto en el que el cantante y compositor canario deja a un lado su faceta de autor para convertirse en intérprete de temas del repertorio latinoamericano y español: tango, bolero, ranchera y copla. Canciones de Argentina, Cuba, México y España que Pedro Guerra las lleva a su terreno. El segundo volumen se llama "Contigo en la distancia (Versiones Vol.2)" y aparecen composiciones de César Portillo de la Luz (Contigo en la distancia); Ariel Ramírez (Alfonsina y el mar); Agustín Lara (Piensa en mí, Noche de ronda); Violeta Parra (Volver a los 17); y Carlos Gardel y Alfredo Le Pera (Volver). 

Todas las canciones que escogió Pedro Guerra para formar parte de ambos repertorios fueron las primeras composiciones que escucho en su vida, interpretadas por su padre cuando él era pequeño y que de alguna manera marcaron el rumbo que tomaría luego como compositor.

 
El 11 de octubre de 2011, Pedro Guerra publica su nuevo álbum, El mono espabilado, que presenta en concierto el 25 octubre en Madrid (Teatro Arteria Coliseum) y 12 de noviembre en Barcelona (Teatre Coliseum). Es el decimotercer disco de una carrera que comenzó en 1995 con Golosinas y significa una nueva aventura para el cantante y compositor nacido en 1966 en Güimar, una localidad al este de la isla de Santa Cruz de Tenerife de apenas 20.000 habitantes. 

Después de 16 años y 12 discos trabajando con Sony Music, Pedro Guerra publica El mono espabilado con su propia compañía, Mansi Producciones. Es el disco de la independencia, de la emancipación, el comienzo de una nueva aventura. “Lo edito yo y lo distribuye Resistencia”, dice. “Con el álbum Vidas ya me enfrenté a un abismo porque empezamos a trabajar nosotros el management y funcionó. Hice más de 70 conciertos en España y América. Un disco es un objeto que anuncia que estás ahí, que tienes canciones nuevas. Es todo tan complicado… Ahora estamos ante otro abismo, pero creo que es la tendencia natural para un artista como yo. Si sabes lo que haces, nadie mejor que tú para saber cómo tienen que ser las cosas. Pero hay mucha incertidumbre por la situación. La crisis revela que nuestra profesión está en el aire”. 

Una situación nueva que no afecta al aspecto creativo, a las canciones, al álbum. “A nivel creativo, sigo manejando las cosas igual”, continúa. “A la canción no le interesa cómo va a llegar a la gente. Desde los 14 años tomo la guitarra y hago canciones porque me gusta, porque sin eso no podría vivir. El disco está al margen de la nueva situación y en la medida que la gente compre El mono espabilado podré grabar el siguiente, por lo que hay que intentar que la mayor cantidad de gente se entere de lo que has hecho”. 

Pedro Guerra compuso las 13 canciones de El mono espabilado entre septiembre de 2010 y mayo de 2011. “En estos meses, que fueron muy activos, me entregué a la composición”, afirma. “Componía todos los días con una intensidad que no tenía desde hace tiempo y salieron casi 40 canciones y en esta intensidad quizá tenga alguna conexión con Golosinas. En otros discos busqué ritmos y sonoridades nuevas; en El mono espabilado hablo del ser humano a través de historias”.

 
 

 

Historias que se convierten en canciones inspiradas en el director de cine ruso Andrei
Tarkovsky, en las maestras de escuela republicanas, en descubrimientos antropológicos, en personajes literarios de R. L. Stevenson, en emperatrices bizantinas del siglo VI, en tipos de mariposas, en cuentos de Perrault… “En algunas cuento mi corazón a través de la vida de otros”, dice. “Me he centrado mucho en las canciones, en la composición, en tocarlas y los arreglos son muy directos”.
Producido por Pedro Guerra (“Sé como tienen que sonar mis canciones”) y con Miguel Poveda e Iván Ferreiro como artistas invitados especiales, El mono espabilado es un disco sereno, tocado por músicos de postín: Osvi Greco (guitarra eléctrica, acústica, portuguesa, española, ukelele), Luis Fernández (teclados), Vicente Climent (batería), José Gómez (bajo), Andreas Prittwitz (flauta, clarinete) y el propio Pedro con la guitarra española. “Es el disco en el que he hecho más porque, por primera vez, lo he coordinado yo absolutamente todo”, afirma. “Hemos ensayado en un local de Rivas Vaciamadrid [Madrid] y grabado toda la parte instrumental en directo en cinco sesiones, ya estaba todo amarrado, en los estudios Red Led. Después he cantado en el estudio de Ángel Martos, que ha hecho las mezclas”. 


El resultado es El mono espabilado, un disco con 13 nuevas canciones que se abre con Caperucita roja (“Las cosas son porque suceden y ella las toma cuando llegan. Si ese camino es el más corto ha de seguir esa vereda”), un tema sobre el candor y la perversidad que se mueve con cadencias ondulantes de inspiración latina marcada por la sonoridad de la guitarra portuguesa. Después, El mono espabilado (“Puede mentir y se sonroja, pensar el universo y sentirse tan pequeño. Puede vivir con pocas cosas, hablar de las estrellas y saber tan poco de ellas”) es la canción que da título al disco a ritmo de candombe y con una larga parte final rapeada. “Robert Sapolsky, profesor de biología y neurología en la universidad de Standford, escribió el libro El mono enamorado. Mi cabeza pensó que el mono es espabilado… y se enamora”, dice Pedro Guerra para explicar el origen de la canción. 
El álbum continúa con La maestra (“Quién negó la luz al corazón de la maestra, qué violencia pudo detener esa ilusión, quién segó las flores que regaba la maestra, quién a sangre y fuego deja muda la canción”), dedicada a las maestras republicanas y una de las canciones más emocionadas del álbum. “Se ocuparon de la alfabetización de las clases populares dando la oportunidad a los niños pobres de conocer y de aspirar a algo más que la marginalidad y el hambre de por vida”, explica Pedro Guerra de una canción de gran riqueza lírica que da paso a Mi locura (“Deja que corra el aire, que llegue el día, que encuentre paz el fugitivo.
Deja que no me importe el renglón torcido”) que con la sensualidad del bolero y la melancolía del fado presenta la colaboración extraordinaria de Miguel Poveda interpretando de una manera sentida, original y desconocida en el cantaor. “Estoy contento con la canción, con el encuentro con Miguel Poveda, excelente artista y persona. Creo que ha quedado muy bonito”, afirma Pedro. 

 


 


La que camina (“No le bastaron los cálidos valles del África ardiente; no le bastaron las ramas del álbol, la vida frugal; alzó los brazos, se puso a dos patas y muy lentamente, la que camina echó a andar”) presenta un estupendo balance rítmico con inspiración melódica en una canción que explica Pedro: “Últimamente me intereso en los estudios del cerebro, en la evolución del ser humano. La canción la escribí pensando en el Australopithecus Afarensis, un homínido que vivió hace más de tres millones de años. Le llamaron Lucy porque cuando le descubrieron en 1974 en Etiopía sonaba Lucy in the Sky With Diamonds de los Beatles. Podía caminar erguido y se acepta que puede ser uno de los ancestros del género Homo, conformando la primera familia”. 
El baúl de Billy Bones (“Aguien que se enfrenta con la vida y crece mientras dice adiós al tiempo en que adolece; alguien que responde, alguien que pregunta, invade los salones de la edad adulta”) es otra excelente canción, una especie de infancia recuperada que se inspira en el personaje de La isla del tesoro de R. L. Stevenson, en el marinero de la mejilla cortada, adicto al ron, cuya única posesión es aquel viejo cofre que contenía el mapa del tesoro. Sigue Aquella vieja canción (“Ni los Beatles, ni los Stones, ni Gardel, ni Bola de Nieve, nadie habrá que la recuerde.
Se perderá aquella vieja canción”) se enriquece con la colaboración de Iván Ferreiro (“Me gusta mucho lo que hace, me parece que tiene un universo muy particular”, dice Pedro) en un tema de corte clásico y magnífica artesanía en su construcción. 

Asteroide Tarkovsky (“El asteroide Tarkovsky revela lo que no enseña; la vida no está en la prisa, la vida está en el poema”) recoge algunos de esos ambientes universales que envuelven la música de Pedro (portugueses, de la música popular latinoamericana…) para recordar al director de cine ruso: “Tarkovsky pensaba que si el cine se podía emparentar con otra forma de arte, no sería con la literatura o el teatro, sino con la poesía, y sus planos eran auténticos viajes poéticos. En los años 80, una científica rusa descubrió un asteroide y le puso su nombre. La canción habla sobre su cine”. 

Teodora fue una emperatriz bizantina del siglo VI, esposa de Justiniano I y antes actriz y meretriz. Impulsó las primeras leyes sobre el aborto y el divorcio, permitió el matrimonio libre entre diferentes clases sociales, razas o religiones, prohibió la prostitución forzosa… “Hija de los arrabales quisiste querer, dar a los pobres su carta de iguales sin castas sociales. Diosa amasada en el fango, ir desandando fue tu quehacer” canta Pedro en Teodora, otra canción que musicalmente se puede leer desde muchos lados, con un estribillo impecable y ambiente jazzy. 

Gente tóxica (“Gente tóxica armada de una mente fláccida, que anidan en miradas diáfanas e incuban intenciones sórdidas”) presenta un arreglo original, casi minimalista, con sonoridades nuevas en Pedro Guerra y una letra sin desperdicio, mientras Nunca más estar triste (“Te traeré la lluvia encerrada en un beso de cielo y así, sin mojarte, la miras llover; el agua que guarda la reina de Hungría, la breve promesa del amanecer”) está inspirada en La bella durmiente de Perrault. “Es una canción contra el desánimo. Decían que el agua de Santa Isabel, reina de Hungría, con vino y flor de romero, curaba, la tristeza”. 

En la recta final del álbum, Monarca (“Esa mariposa es un ejemplo firme y claro de constancia; nada la detiene, ni el temor del cielo ni el de las aduanas”) toma aire de valsecito en una canción suave y tranquila que explica Pedro Guerra: “Es una clase de mariposa, negra con manchas naranjas. Viajan de Canadá a México donde ponen sus huevos, pero no viven lo suficiente para hacer el viaje de regreso y son las crías las que lo continúan. La canción habla sobre las migraciones”. Finalmente, El rey de la selva (“No creas todo lo que cuentan, lo que dicen; a veces la verdad no es la verdad tal cual la ves. Las cosas quedan del fervor que las repite y a veces la verdad se encuentra en el revés”) cierra el disco con ese aire suave, profundo, inspirado, que baña El mono espabilado, una obra de madurez y calado que confirma el por qué Pedro Guerra es uno de los autores de referencia de la escena musical española de las últimas décadas. 
Es la continuación de una carrera que comenzó cuando formó con Rogelio Botanz y Andrés Molina el Taller Canario de Canción en 1985, con el que grabó varios discos. Su trayectoria en solitario comenzó con Golosinas (1995), un álbum fundamental en la música española de finales del siglo pasado, y continuó con Tan cerca de mí (1997), Raíz (1998), la banda sonora original de Mararía (1998. Premio de la Música a la mejor Banda Sonora), Ofrenda (2001), Hijas de Eva (2002), La palabra en el aire con Ángel González (2003), Bolsillos (2004), Vidas (2008), Vidas en vivo (2009), Alma mía. Versiones Vol. 1 (2009) y Contigo en la distancia. Versiones Vol. 2 (2010). En el año 2000, Pedro Guerra creó la Fundación Contamíname para el mestizaje cultural, una muestra más de su espíritu y compromiso personal. 
Son álbumes que marcan una obra que contiene canciones emblemáticas de un repertorio que han cantado artistas como Ana Belén, Víctor Manuel, Cómplices, Joaquín Sabina, Javier Álvarez, Pablo Milanés, Juan Carlos Baglietto, Mestisay, Marina Rosell, Alejandra Guzmán, Luis Pastor, Mercedes Ferrer, Alba Molina, Maria Bethânia, Cesárea Évora, Malú… Alguna de estas canciones ha sido merecedora del Premio Ondas (Contamíname en 1995) y todas han dignificado la música española. Muchas se han grabado en nuestra memoria personal como parte fundamental de la historia de la música popular de nuestro país. Canciones compuestas por Pedro Guerra con una artesanía impecable, comprometidas y terrenales, pero volando por encima de tiempos y modas, con esa inspiración que convierte las buenas cosas en permanentes. 

El mono espabilado es Pedro Guerra en estado puro en 13 nuevas canciones con el canario arriesgándolo todo, dirigiendo su carrera hasta las últimas consecuencias. “La fuerza de la vocación, del amor a la música está por encima de todo. Se lucha contra el desánimo y lo importante es la canción, una melodía y una letra que pueda cantar cualquiera”.

 

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