Cine Boliviano
 Fecha:11/11/2017

Vuelve Sebastiana (Ruiz, 1953)
La Niña Chipaya
Por Marcelo Reyes L.

Filmación de Vuelve Sebastiana
-Filmación de Vuelve Sebastiana
Filmación de Vuelve Sebastiana
 
Jorge Ruiz (1924-2012) fue de los precursores del cine boliviano, siendo su más exitosa película Vuelve Sebastiana, un cortometraje de 28 minutos, a color, filmado en 1953, en la comunidad indígena Chipaya, próxima al rio Lauca, al sur del Altiplano boliviano. La película recibió numerosos galardones, comenzando por el Premio Kantuta de Oro de la Alcaldía Municipal de La Paz en 1955, un gran premio en el Festival de Cine de Venecia de 1956 y muchos otros posteriormente.
 
El filme narra la historia de la niña chipaya Sebastiana, de unos 12 a 14 años de edad, que un día, pastando sus ovejas un poco más lejos de lo habitual, se encuentra con un niño aymara, también pastor, que vive en un pueblo vecino de la comunidad aymara. Sebastiana seducida por la apariencia nueva y diferente del chico, y por la comida abundante, para ella, acepta la invitación de ir al poblado aymara. El film señala la enemistad existente entre estas dos comunidades nativas, y en particular se subraya la diferencia económica, siendo los chipayas más pobres, según el relato “habiendo sido condenados al aislamiento” por los aymaras. Luego de un tiempo indeterminado el abuelo de Sebastiana va en su busca, la convence de regresar, pero muere en el camino de vuelta.
 
Ese el argumento narrativo, y si bien se construye una historia interesante, basada según testimonios en un evento real, en este caso la historia es lo de menos, el verdadero interés de esta película, ahora como hace 63 años, es el mostrarnos la vida cotidiana de los chipayas. La historia es sólo un pretexto para fotografiar no solamente los impactantes escenarios naturales, sino las características viviendas con techos copulares del pueblo chipaya, un matrimonio, el sacrificio de una llama, un entierro, la siembra, el pastoreo y la forma de vestir de los indios chipayas. A éste tipo de producciones se las denomina “pseudo-documentales”, tienen un hilo narrativo, que es en general débil, pero permite la introducción en el film de otros elementos que sí son de interés, desde un punto de vista documental.  Yendo más allá, el tipo de pseudo-documental en éste caso pertenece al campo del cine etnográfico o antropología visual. En este ámbito Vuelve Sebastiana ha sido comparada con Nanuk, El Esquimal (1922), el clásico de cine documental del americano Robert O’Flaherty.  Desde los inicios del cine, éste se ha usado como herramienta científica para captura de imágenes, con el objetivo de preservar hechos para su estudio posterior.  Este objetivo, loable, ha sido puesto en tela de juicio, en el caso de la antropología, puesto que se cuestiona que la presencia de un investigador no cause un efecto en el suceso investigado.
El estudio, cámara en mano, de una sociedad nativa, en efecto, puede generar polémica. ¿Qué tanto influye el investigador en los sujetos estudiados? ¿Qué tan real o artificial es el hecho narrado?  Si el investigador/cineasta impone un punto de vista como director o guionista, ¿qué tan válido es el documento producido? En todo caso el sólo hecho de estudiar otra sociedad, con el supuesto inherente de que es una sociedad primitiva coloca al investigador en una posición artificial de superioridad, una posición paternalista.
 
Cinematográficamente se debe destacar la fotografía de Vuelve Sebastiana, a cargo del mismo Ruiz, con tomas clásicas bien equilibradas, en plano y contraplano, alternando cuando es conveniente el plano general al plano detalle. Si bien ya existía la posibilidad técnica de grabar sonido directo, en sincronía, Ruiz prefirió crear un relato visual, y sobreponer a éste una narración sonora, leída por Eduardo Lafaye, y escrita por Luis Ramiro Beltrán. Esta decisión impacta la manera en que percibimos el relato, porque introduce una distancia insalvable entre la protagonista principal, una niña indígena, y el narrador evidentemente un hombre adulto occidental que habla otro idioma. Además, muchos detalles de la historia se introducen únicamente mediante la narración sonora, y no se expresan con imágenes, acentuando así esta distancia. La parte en que el abuelo trata de convencer a Sebastiana de que vuelve a su pueblo, es relatada, a modo teatral, con una voz que pretende ser de un anciano, siendo evidentemente el mismo locutor, mientras que todo el relato anterior o posterior no es leído “con voz de niña” (cosa que se agradece). La locución, para un espectador del siglo 21, es la parte más difícil de asimilar de ésta película. 
 
En 1992 en el Festival de Cine de Nantes, en Francia, se reconoció a Vuelve Sebastiana como el primer film indígena hecho en Latinoamérica, y se declaró a Ruiz el “padre del cine indígena andino”.
Hace poco, a comienzos de 2017, se otorgó el Premio Gestión Cultural Gunnar Mendoza a Sebastiana Kespi, por su actuación en Vuelve Sebastiana. La familia de Kespi tuvo que vender corderos para poder venir a La Paz, a recibir su premio. No es la primera vez que Kespi es galardonada, es de desear que además de estas medallas, tanto ella como su comunidad, hayan recibido, o reciban en algún momento una ayuda real, que permita sobrellevar su situación de pobreza que no ha cambiado nada desde el siglo pasado.
 
Vuelve Sebastiana es uno de los grandes clásicos del cine boliviano, una película memorable por su fotografía, su valor documental, y la sensibilidad con la que retrata al pueblo Chipaya.  Una película pionera del cine indígena, que sin embargo adopta un punto de vista etnográfico, paternalista, ajeno a las comunidades. La necesidad de un cine indígena creado con visión propia, y pensado para ser consumido por indígenas será el desafío que años después levantará Jorge Sanjinés.
 
 
 
 
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