Literatura
 Fecha:11/11/2017

Apuntes sobre la Estructura de la Lírica Moderna
La Poesía de los Siglos XX Y XXI
Por Fernando Salazar Torres

Fernando Salazar Torres (México)
-Fernando Salazar Torres (México)
Fernando Salazar Torres (México)

 

A más de 100 años de inaugurada la lírica moderna con las obras Hojas de Hierba (1855), de Walt Whitman y Las Flores del Mal (1857), de Charles Baudelaire, sus secuelas prevalecen, incluso en nuestro tiempo, y los poetas actuales repiten varios de sus procedimientos estilísticos y formales provocando con ello la continuidad de un canon. Además de estas dos tradiciones poéticas, la escrita en inglés y en francés, se puede hablar de otra gran tradición, la poesía escrita en español, misma que presenta sus primeras obras a fines del siglo XIX y a lo largo de todo el siglo XX. La lírica moderna en francés y en inglés emprenden su proceso simultáneamente, pero la escrita en español, al principio fue la continuidad y, de alguna manera, la cohesión de aquellas. Cada uno de los poemarios mencionados representa una estética propia y distinta, incluso antagónicas. Baudelaire, por ejemplo, conserva la forma del soneto. Por ello es clásico en lo formal, sin embargo, la estructura, semántica y significado se amplían, a tal nivel que modifican el ideal de Belleza; a partir de su obra más paradigmática, lo grotesco, repugnante, el mal, la fealdad corresponden a lo bello. La voz poética de Baudelaire ya no pertenece a la del autor o a un yo lírico sino a un yo que abandona los sentimientos y la vivencia común para expresar símbolos, crítica, disonancia y polisemia.

Arthur Rimbaud y Sthépane Mallarmé, en varias de sus obras, continúan y perpetúan otros modelos poéticos que responden a la ruptura del verso, la hibridez, la destrucción de la sintaxis, el choque de la expresión, la despersonalización del poema y, en especial, el nuevo giro en la construcción de la metáfora. Todas estas características propias de la poesía moderna francesa tuvieron que ser comprendidas por la crítica y la teoría desde categorías negativas. Dicho fenómeno se explica en la obra Estructura de la lírica moderna de Hugo Friedrich. Entrado el siglo XX, esta nueva manera de representar el mundo se convierte en la fuente de las vanguardias.   En contraste, la poesía de Whitman, diría, es una poesía feliz, que obedece más al uso de la expresión común, coloquial, que a la construcción sofisticada del verso, o sea, el lenguaje del poema es de uso común y, por ello, el propósito es que sea entendido por todos: escribir poesía como se habla. Esto provoca otra tendencia compartida, de igual modo, por la poesía francesa: el alargamiento del verso, el versículo. Las diferencias entre ellas consisten en el carácter epifánico, de significado claro de la poesía, por ejemplo escrita en Estados Unidos durante el siglo XX; es decir, se expresa el sentido unívoco, es lúcida, metafísica, con elementos narrativos, de facilidad en el uso de los tropos, busca la mezcla, y descansa más en la imagen que en la metáfora.

Ambas tradiciones apenas explicadas sucintamente influyeron en la poesía escrita en español. Es decir, nuestra poesía deriva de dos tradiciones que se corresponden aunque también son antagónicas. En mayor medida este influjo obedece más a la forma que a una estructura particular. Ahora bien, la lírica francesa, me parece, repercute, principalmente con la escuela del surrealismo sobre todo en la práctica de la escritura automática, la yuxtaposición y lista extensa de imágenes, a veces interminables, el sin sentido, las frases absurdas y oníricas, el oscurecimiento del significado, el hermetismo, y el despliegue de la imaginación en la construcción dramática del poema. En suma, la lírica francesa se preocupa por el contenido y en menor medida por la forma; el sentido dependerá no de la expresión o giros del lenguaje sino de la inteligencia e imaginación del autor.

De la poesía escrita en inglés prevale el verso corto y el versículo, la sentencia, la claridad del significado, la prosa cortada y el uso constante de la cesura para ordenar el ritmo poético, el verso libre, la sencilla asociación de ideas, la inclusión de elementos populares y de la vida cotidiana. Sobre este hecho literario destacan de distinta manera Walt Whitman, T. S. Eliot, Ezra Pound, y más próximo al centro del siglo XX, la influencia de William Carlos Williams sería fundamental. En síntesis, la poesía escrita en inglés se interesa más por la forma que por el contenido. El desarrollo del poema se vincula más con el concepto y los giros lingüísticos.

Apenas planteado el tema, “La estructura de la lírica moderna y sus secuelas en la poesía de los siglos XX y XXI”, destaco a ambas tradiciones, la francesa y la inglesa, como las fundadoras de dos estructuras y formas distintas de pensar y hacer la poesía. En ambos casos existe el propósito de comprender y explicar procedimientos, plantear poéticas y definir rasgos estilísticos. El estilo de la poesía en español, a partir de estos caminos trazados, construirá diversas estructuras que son derivaciones pero también la continuidad y el aporte a la estética de lo moderno; por ejemplo, casos como el de César Vallejo, Vicente Huidobro, Pablo Neruda, Octavio Paz, Oliverio Girondo, entre otros, expresan una enorme heterogeneidad, una manifestación plural de composición y pensamiento poéticos. Además, en el caso de España, se recupera un pasado propio, la tradición de la poesía del Barroco, para otra época, la generación del 27. Así, pues, desde principios del siglo XX el estilo iberoamericano, americano, latinoamericano se caracteriza por la mezcla, el cruce de poéticas, la hibridez; en otras palabras, la lírica española construye obras que suman dos o tres estructuras estéticas. Me atrevo a sostener que nuestra poesía supera sus predecesores, plantea nuevas estructuras y sugiere rupturas continuas. Ejemplo de ello, como tránsito y el gran antecesor de nuestra poética es Rubén Darío quien rompe con varias formas establecidas imponiendo otras nuevas, como el pentasílabo, el heptasílabo y recupera la forma del verso Renacentista.

Considero que la lírica francesa es más completa en la formulación de un programa estético, incluso de mayor impacto e influencia que la poesía que se escribe en inglés. Afirmo esto porque las poéticas de Baudelaire, Rimbaud, Verlaine, Mallarmé repercuten en muchos poetas latinoamericanos, incluso con más fuerza que Whitman, Poe, Pound, commings, entre otros. El surrealismo interviene fuertemente en la poesía española, en específico en la generación del 27. Y varios poetas de esta generación son referente para la poesía estadounidense, me refiero al grupo constituido bajo el término “imagen profunda” y nombres como Robert Kelly, Louis Simpson y James Wright. Paul Éluard, René Char, Vicente Aleixandre, Federico García Lorca, César Vallejo, Pablo Neruda y Octavio Paz se volvieron referencia para esta escuela. Esto sería un ejemplo de cómo las tres tradiciones se cruzan. Sin embargo, existe un talante formal en el cual coinciden: el uso del verso libre. Considero que esta es la gran clave de la lírica moderna, suspender la elaboración del verso métrico, suprimir la construcción del poema a partir de la medida isosilábica y crear un nuevo método, a saber, la liberación del verso mediante la frase poética, la idea como eje motor del poema. Cada tradición posee su impronta, pero a la larga, el verso libre será un rasgo más característico de la poesía en inglés y, como una suerte de derivación, distintas escuelas y tendencias poéticas influirán más en la poesía en español. Un ejemplo de ello son los poetas beats. Aunque cabe señalar que la Modernidad son muchas caras, no se reduce solo a dos tendencias; las vanguardias tienen su primicia en los futuristas y los dadaístas aunque el fondo de varios de los procedimientos de estas escuelas derivaron, en general, en otras estéticas.

Quiero terminar este apunte señalando algunas características actuales de la poesía mexicana como modelo y ejemplo de lo que me interesa señalar. La poesía moderna se ha gastado a sí misma, sus recursos se han agotado y en nuestro tiempo, como lo sostiene el crítico Víctor Manuel Mendiola, somos epígonos. De otro modo, Vicente Anaya expresa que ya no hay poetas sino intertextualizadores. Me parece que es momento de realizar una crítica a la lírica moderna, a las vanguardias, si bien son nuestra tradición más inmediata, se han convertido en la sombre del arte actual, y el trabajo crítico puede ayudar a examinar nuevos programas para la poesía escrita en español. Estos rasgos que a continuación escribo derivan de cualquiera de las dos tradiciones explicadas en este documento, ya sea la lírica escrita en francés o en inglés.

Primero, la poesía descansa en imágenes. La catarsis y la irracionalidad sostienen sus versos en los cuales el lector se extravía, y se necesita de un salvavidas para rescatar al sujeto poético. Imágenes, además de todo, construidas con palabras comunes que debieran usarse a cuenta gotas, tales como noche, amor, yo, soledad, y otras que forman el campo semántico. Es decir, tanto el pensamiento o fondo, como el uso lingüístico y retórico, o sea, forma, oscilan en una expresión donde la condición humana se exhibe desoladora, incrédula. La filosofía del siglo XX también participó para alimentar las ideas de la lírica moderna, y esto también tiene que modificarse. Pensar una nueva filosofía que responda a los problemas actuales del ser humano. Necesitamos una nueva representación del ser humano que justifique nuestra sobrevivencia metafísica o que continúe exponiendo el mal estar o la era del vacío dentro del cual vivimos.

Segundo, la poesía escandalosamente hermética, ilegible, fragmentada, cuyo principio estriba en la interpretación, en extremo, individualista; es un asegún de lo que el sujeto lírico pretende decir. El  mensaje se lleva al absurdo, al extremo de la metáfora, de forma que lo dicho queda encriptado, oculto. Además de la autorepresentación del vacío espiritual, que invade el discurso de una poesía vencida, también se da total importancia a lo incomunicable como parte de nuestra condición.

 

Tercero, la poesía de compromiso, quizá social, también política, en la cual, en varios aspectos, la noto con falta de responsabilidad poética, pues se recarga más en el discurso de panfleto que en su orden estético. Una poesía que expresa más nuestra condición de sufridos. Somos responsables, no víctimas.

Distintas caras, a manera de alguna figura geométrica, como el icosaedro, podría ser la metáfora para la elaboración de un nuevo programa para la poesía escrita en español. Consideran a los grandes poetas del siglo XX, criticar a las vanguardias, volver a revisar los planteamientos de la Modernidad y regresar a la Metafísica a casa, a la vida del ser humano.

 

 

 
 
Fernando Salazar Torres: (ciudad de México, 1983). Poeta, ensayista y gestor cultural. Licenciado en Filosofía por la Universidad Autónoma Metropolitana, unidad Iztapalapa (UAM-I), también obtuvo el grado de Maestría en Humanidades (UAM-I). Estudia el Doctorado en Literatura Hispanoamericana en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP). Ha publicado el poemario Sueños de cadáver (el golem editores, 2010) y Visiones de otro reino (el golem editores, 2015). Su poesía y ensayos se han publicado en distintas gacetas y revistas literarias impresas y electrónicas. Coordina las mesas críticas sobre literatura mexicana, “Crítica y Pensamiento sobre poesía y narrativa en México”. Dirige el Taller Literario “ígitur” en el Museo Nacional de la Revolución. Colabora en la revista literaria “Letralia. Tierra de Letras” con la serie de poesía mexicana “Voces actuales de México”.
 
 
 
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