Cuento
 Fecha:23/02/2017

Entrevista a Felipe Parejas
Autor de Pequeños Insolentes
Por Marcelo Reyes L.

-
Conversamos con Felipe Parejas con el afán de saber un poco más del autor de Pequeños Insolentes, conjunto de mcirocuentos relacionado con la muerte, la paranoia y la esquizofrenia.
 
MR: Por favor danos una breve presentación tuya,  resumen de tu trayectoria como profesional, y de tu acercamiento a la literatura y experiencia en este  campo.
F.P.: Soy publicista de profesión, no me suelo llamar “escritor” pero disfruto muchísimo de escribir. En el 2007 participé en el Festival Internacional de Publicidad Cannes Lions, Francia, el Festival de publicidad más grande del mundo, y tiempo después logré convertirme en el único boliviano graduado de la Roger Hatchuel Academy, también en Francia, en dónde aprendí de creatividad de la mano de gurús como David Droga y Michael Conrad. Me gradué de Publicidad y Comunicación Social en Santiago, Chile. En el año 2010 publiqué mi primer libro, “Pequeños insolentes”. Poco tiempo después, empecé a escribir una columna en el extinto diario El Sol, y así fue como pasé de escribir humor negro a humor “geek”, y cuando empecé a pasarla realmente bien. Bajo esa misma línea, en el 2014 publiqué “Pablo Pablovsky, adolescente mutante”, que ese año fue la novela más vendida de la Feria del Libro de Santa Cruz y ahora ya vamos por la sexta edición. También en el 2014, algunos cuentos de Pequeños insolentes fueron traducidos al francés para ser publicados en la antología “Lectures d’ailleurs”. En el año 2015 lancé “La Venganza de los Geeks” (hoy en pausa), una revista digital geek que en sus mejores momentos llegó a alcanzar a 200.000 personas al día en México, Chile, Colombia y otros países de habla hispana. En el año 2016, participé nuevamente con mis microcuentos en una antología, en esta ocasión de la editorial de la Universidad Pontificia Javierana de Bogotá.  
 
M.R.: ¿Por qué utilizar el formato de microcuento?  ¿Cuáles son las posibilidades  y los límites narrativos de este formato frente al cuento, la nouvelle  u otros formatos narrativos clásicos?
F.P.: El microcuento fue mi primer amor, y como todo primer amor, fue intenso y apasionado, pero probablemente con episodios que hoy ya no los volvería a “cometer”. Siempre fui un gran fan del cuento corto, la ciencia ficción, el humor y el horror, así que desde que entendí cómo funcionaba el Internet, me la pasaba buscando material que cumpla con al menos una de esas características. Así fue como descubrí a Fredric Brown, un autor que, en su vasta bibliografía, logró cumplir con las cuatro y me cambió la vida para siempre. Me dediqué a coleccionar todo lo que pude encontrar de él, y un buen día me encontré con “Knock”, un cuento corto que, curiosamente, empezaba con un microcuento. Brown logró adaptar el texto de un poeta del siglo pasado, a un microcuento con todas las de la ley, y al mismo tiempo, a un cuento corto perfectamente elaborado. El microcuento (“El último hombre de la tierra se sienta solo en una habitación. Alguien toca la puerta.”) me pareció (y me sigue pareciendo) una genialidad. Lograr, con una o dos frases, contar una historia monumental, una catástrofe mundial y un misterio terrorífico al mismo tiempo, no me cabía en la cabeza. Y eso, justamente, es el corazón del microcuento, esa característica literaria única de “sugerir”, de contar historias largas y complejas (y al ser sugeridas, muchas veces distintas, dependiendo del lector), usando sólo un par de palabras. Probablemente también eso sea, también, su mayor limitante: el microcuento no es un género popular, por tanto el lector (casual o no tanto), puede perfectamente sentirse decepcionado con el formato. Es, tal vez, un subgénero de nicho, aunque el buen microcuento debería, según yo, ser totalmente universal. Como bien dijo Homero Carvalho, en el microcuento no interesa tanto lo que se escribe sino lo que no, allí estpa el verdadero universo narrativo. Hay que apostarlo todo a un buen golpe de inventiva. 
 
M.R.: ¿Es el microcuento un formato muy utilizado en Bolivia? ¿Conoces de otros autores locales que hayan cultivado este género?
F.P: Uno de los primeros libros de microcuentos que agarré, justamente, fue “Cuento súbito”, de Homero Carvalho. Homero es un artista del microcuento. El microcuento es un género muy poco utilizado en general, no solo en Bolivia, quizá justamente por “chúcaro”. 
 
M.R.: ¿Existe algún eje temático en Pequeños Insolentes? ¿Hay, además del formato, alguna otra  particularidad común a los cuentos?
F.P.: Los cuentos de Pequeños insolentes son variados, pero la mayoría tienen en común temas como la muerte, la esquizofrenia y la paranoia, aunque también tiene momentos menos crudos, muchas veces haciendo referencia a íconos de la cultura popular. En Pequeños insolentes hay cuentos terribles (sutilmente terribles, al menos) y también mucho humor negro (del cual ya me divorcié, pero le sigo teniendo cariño).
 
M.R.:Pequeños Insolentes se publica en 2010, ¿cuál ha sido la recepción que este libro ha tenido por parte de la crítica y el público en general? ¿Qué ha significado esto para ti?
F.P.: En general, al menos hasta donde yo sé, ha sido bien recibido. Cuando me lancé con este bastardillo no se me ocurrió pensar en el aspecto “comercial” (supongo que a la editorial tampoco), así que fue una sorpresa que funcione, conociendo yo de antemano los “riesgos” del género. Pero la sorpresa más grande fue que muchas maestras empezaron a recomendar el libro en sus clases de literatura, logrando una recepción bastante positiva de parte de los chicos, normalmente de 13 o 14 años. Considerando que es un libro absolutamente para adultos, esto  todavía me hace sentir un poco culpable, aunque creo que es inevitable que los chicos sientan fascinación por lo terrible.
 
M.R.: Han pasado ya seis años desde esta publicación, ¿Has publicado más microrelatos o libros en otros géneros? ¿Sigues escribiendo?
F.P.: En la película de Pixar Monsters INC., los monstruos viven en un mundo paralelo en donde la energía eléctrica era generada por los sustos y gritos de los niños de nuestro mundo. Un día, sin querer, descubrieron que con risas, podían sacar muchísima más energía de los niños, y así fue que su industria eléctrica cambió para siempre. Algo parecido me pasó a mí, descubrí que con el humor podía llegar de forma más positiva a la gente, así que dejé de asustar y ahora procuro hacer reír. Justamente ahora estoy escribiendo ya la segunda parte de Pablo Pablovsky, que ya tiene título y es igual de tonto que el primero: “Pablo Pablovsky: la Legión de los Pablos Pablovskys”.
 
Audio Nota: 
COMENTARIOS



Ingresar un email no es obligatorio, pero si dejas tu e-mail se
te notificará cada vez que alguien más comente este texto.
 
CAPTCHA Image

[Otra Imagen]