Poesía
 Fecha:22/02/2017

De la Fiera, la Noche y su Muerte



Por Ariel Revollo

 

Recojo el rastro de tu andar
te sigo como fiera a su presa
me destierro
me deshago de pertenencias
me sumerjo en tu homicidio
me deformo en el éter de la madrugada
respiro el frío.

Rodeo tu presencia
grabo tu aroma
me hago dueño de un instante de tu mirar
te me clavas como la más potente garra
como la ortiga más venenosa 
me envenenas con tu imagen
me desangro entre tus dedos.

Expiro mis dolores en tu regazo 
tú te desvaneces dejándome solo la agonía de tu nombre.



La luna está roja, la noche distante,
no se siente como tal, 
no soy el hombre
soy el aullido distante de mi sexo, 
soy la muerte oculta en tu bebida,
soy el lobo grisáceo que resuena en el olvido, 
soy la melodía profanada a tu existencia, 
soy eso que suena en la nostalgia.

Estoy aún despierto, 
no he jalado el gatillo, todavía no es hora, 

la luna sangra, se derrama en toda la extensión del éter, 
se escurre de mis entrañas y florece en el ambiente, 
respiro el frío, me hielo por dentro, 
hasta convertirme, hasta apagarme, 
me extingo del firmamento y ensucio sus parabrisas.

 

Araño por última vez tu puerta
ya estoy exhausto
ya no importa
ya nada importa
oigo crujir mis huesos
siento el sabor a saliva seca en mi garganta
ese amargo que perfora mis entrañas
que aborta mi mente
que me asesina de a poco.

Quizás más tarde vaya
quizás ya no llegue
respiro apenas
te expiro apenas.

Culpa pasada, castigo vigente 
erección clandestina 
tu danza se graba cada uno de sus movimientos
la forma de tus labios
el sonido de tu voz
tu ombligo descubierto
cada vértebra de tu espalda.

Aun así eres tan distante, tan distinta
me pinto en una forma que no soy
descompagino del lienzo
me fumo las colillas que aún tienen tabaco
quiero beber de tus labios mi suicidio
quiero arrancar tu mirada y clavarla íntegra en mi corazón
dejar que desangre y decirte adiós.


 

Miro detrás de la cortina
allí estás
quién sabe 
tal vez un fantasma te trajo a posarte en mi cerebro
estoy perdido en el interior de una habitación 
tú flotas en el humo de mi cigarrillo.

Mil agujas se han clavado en mis poros 
cada una de ellas me inyecta tu presencia
mi aliento se marcha a paso lento
mis labios se contraen y mi abdomen se pone rígido
los jadeos los escucho a coro
como el aullido de un perro
mi último suspiro se va en la brisa y llega el fin.

Audio Nota: 
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