Microcuento
 Fecha:22/02/2017

En Pocas Palabras
Un paseo por la narrativa brevísima de Bolivia
Por Marcelo Reyes L.

Tapa de Sun Tzu y otros cuentos (2011), Colección cuentos de alasitas-
Ver un mundo en un grano de arena/ y el cielo en una flor silvestre./ Contener el infinito en la palma de la mano/ y la eternidad en una hora. 
William Blake
 
Cuántas palabras son realmente necesarias para contar una historia, para dar sentido, para emocionar, para enternecer, para sorprender.  Para algunos,  cuanto menos, mejor, y en ese espacio del culto a la brevedad es que encuentran refugio los microcuentos, que en una o dos oraciones logran consumar todo el hecho narrativo. El más conocido ejemplo es por supuesto El Dinosaurio de Augusto Monterosso ("Y cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí."). Existen pocos cultivadores de este sub-género del cuento en Bolivia, aunque los hay. Muchos de los más conocidos narradores bolivianos le han dedicado algún espacio al microcuento, por ejemplo Edmundo Paz Soldán incluye algunos relatos brevísimos en Amores Imperfectos (1998) y lo mismo que Giovanna Rivero en Vértigos, la antología de cuento fantástico boliviano editada por El Cuervo (2013), pero son pocos los que han dedicado un volumen entero al género. 
 
En los últimos años podemos citar a Homero Carvalho, prolífico autor más conocido por su verso que por su prosa, que sin embargo ha publicado al menos dos volúmenes de microcuentos, Cuento Súbito (Ed. La Hoguera, 2004) y más recientemente Pequeños Suicidios (Ed. 3600,2016).  También podemos mencionar a Sun Tzu  y otros cuentos (Ed. Gente Común, 2011), libro que reúne en formato de micro-libro, a los mejores aportes del concurso de microcuentos “Somos Bolivia” convocado por el Sistema de Naciones Unidas en Bolivia en 2009 y cuyo ganador fue Sergio Sánchez Armaza. Este libro fue presentado posteriormente como parte de la colección "Cuentos de Alasita"  compuesta además por Poco Bla Bla, de Willy Camacho, Textos Traicionados de Mauricio Rodriguez y Tres en Raya de A. Carillo, D.Averanga y G.Sanabria, todos conjuntos de microrelatos, y además publicados en un formato miniatura, haciendo honor al nombre de la colección.
 
En la misma línea, pero de publicación más reciente, está 69 Cuentos con Final Feliz (Ed. 3600,2015) publicación en formato de medio-libro del autor Ernesto Calizaya, que propone una colección de micro relatos, cada uno de exactamente seis palabras.  
Gaby Vallejo Canedo ha editado ya en tres oportunidades, la última en febrero de 2016, un libro de microrelatos inspirados en la violencia de género, con la participación de más de treinta escritoras, entre ellas Giancarla de Quiroga, María Lourdes Zabala, y Blanca Elena Paz (¡Basta!Antología de microcuentos, Ed. Pen Internacional, 2016).
Vamos a cerrar este breve recuento, que no pretende ser exhaustivo, citando a Felipe Parejas, autor cruceño, publicista de profesión que se acerca a la literatura en 2010 publicando  Pequeños Insolentes (Ed. La Hoguera, 2010), recopilación de microcuentos que giran alrededor de la muerte, la esquizofrenia y la paranoia. Algunos de estos cuentos fueron traducidos al francés e incluidos en la antología Lecture D’ailleurs (2014), y en otra antología publicada en 2016 por Universidad Pontificia Javierana de Bogotá, Colombia. Parejas nos comenta que decidió dedicarle un volumen al microcuento, luego de haber descubierto la obra de Fredric Brown, autor que, según él, cumple con  cuatro características de su preferencia, la brevedad, la ciencia ficción, el humor y el horror: “un buen día me encontré con Knock, un cuento corto que, curiosamente, empezaba con un microcuento. Brown logró adaptar el texto de un poeta del siglo pasado, a un microcuento con todas las de la ley, y al mismo tiempo, a un cuento corto perfectamente elaborado. El microcuento (“El último hombre de la tierra se sienta solo en una habitación. Alguien toca la puerta.”) me pareció, y me sigue pareciendo, una genialidad. Lograr, con una o dos frases, contar una historia monumental, una catástrofe mundial y un misterio terrorífico al mismo tiempo, no me cabía en la cabeza. Y eso, justamente, es el corazón del microcuento, esa característica literaria única de sugerir, de contar historias largas y complejas”. Parejas ha publicado además, en 2014, Pablo Pablovsky, adolescente mutante (Ed. La Hoguera) que ese año fue la novela más vendida de la Feria Internacional de Libro de Santa Cruz, y que ya va por la sexta edición.  A continuación reproducimos, con el permiso del autor,  seis microcuentos de Pequeños Insolentes, de Felipe Parejas. 
 
Asamblea Divina
Después de varios siglos de debate celestial, se terminó de redactar el último artículo de la Constitución Divina: el castigo para los suicidas sería, simplemente, la vida eterna.
 
Fe de erratas
Pág. 13, línea 2,  Eva no tomó la manzana.
 
Déjà vu
“No creo en el mar”, dijo de pronto Gutiérrez, y nadie le hizo caso. Hoy, veinte años después de su muerte, un vocero del gobierno americano acaba de confesar que, efectivamente, el mar no existe.
 
Cosas de niños
Gustavo y Germán nacieron con pocos segundos de diferencia. Crecieron sanos y fuertes, en una humilde casita de barro en medio del monte mismo. Cuando cumplieron ocho años, su padre los llevó al pueblo por primera vez. En la plaza, los hermanos no salían de su asombro. “Papá, ¿por qué todos los niños están a la mitad?”, preguntaban los siameses, que nunca habían visto otros niños en sus vidas.
 
Concertino
Antes de cumplir los seis meses de edad, Estela perdió la vista en un lamentable accidente de tránsito. Ahora, a sus veintitrés años, es una virtuosa violinista. Hace un par de días, un doctor austriaco le prometió que si sobrevivía a un delicado transplante de córnea, podría recuperar la visión en su totalidad. A pesar de los riesgos, Estela decidió operarse. A Estela no le interesa ver el cielo o las flores, ni siquiera el rostro de su madre. Lo único que Estela quiere ver es la música que sale de su violín. Vaya sorpresa que se va a llevar.
 
Wólka Wiciejowska
Wólka Wiciejowska es un pequeño pueblo de Polonia, en Mazovia. Przemyslaw Szabranski, Arkadiusz Wilczewski y Krysztof Wysokinski, colegas y vecinos de Wólka Wiciejowska, comparten el desayuno y se miran confundidos. Sin duda, Arkadiusz y Krysztof miejscowość administracyjnie, pero należała do województwa siedleckiego. No te aconsejo ir a Wólka Wiciejowska. Allí nadie entiende nada.
 
Los siguientes tres microcuentos son parte de 69 cuentos con final feliz, de Ernesto Calisaya:
 
Promesa Cumplida
Esa noche él tenía un entierro.
 
20
Bebía poco, fumaba intensamente. Ya no.
 
Bajos Instintos
Cuando sangraba el Conde se relamía
 
Finalmente éste es el cuento ganador del certamen Somos Bolivia, de Sergio Sánchez Armaza:
 
Sun Tzu
Blue Demon, había tomado realmente en serio su oficio de la lucha libre. Usaba la máscara día y noche, creó y mejoró su personaje, ganaba y perdía batallas, empezó como técnico y continuó como rudo. Sin embargo, no fue sino hasta que salió a tomar unas cervezas con Liborio -una de las esperanzas políticas de El Alto- cuando, alcoholizados, emergieron los parecidos y las confesiones. Lloraban sorprendidos por las coincidencias. Después salieron los miedos. Compartían la misma fobia: después de usarla todo el día y a veces en la noche, al sacarse la máscara ya no se reconocían.
 
Quisieramos concluir este paseo mencionando que en el año 2006 la revista Palabras Más convocó por Internet a un concurso de microcuentos denominado La Mancha Célibe,  rescatamos de los más de ciento cincuenta aportes recibidos, los siguientes tres, que publicamos con los nombres o pseudónimos de los autores, tal como los recibimos:
 
Canción de Cuna
El príncipe duerme sueña de verdad y sueña que ríe y ríe al soñar. Al llegar el alba, el príncipe llora y llora del sueño que lo hizo reír. El príncipe duerme sueña de verdad y sueña que llora y llora al soñar. Al llegar el alba, el príncipe ríe y ríe del sueño que lo hizo llorar.
Luis Bredow
 
O qué más da
Había un loro que murió, de sífilis, pero el eco de su voz siguió promiscuo, y demás plumas.
Deslizcioso
 
Del Cielo y la Tierra
El hermano José mató a Lucía en el campo, por temor, y  se fue a oficiar en la misa de las diez. Nadie la encontró y despues de cuarenta años, él, fue Papa, y ella, Santa.
Magodevoz
 
El cuento es el género de lejos más popular entre los autores bolivianos, se publican muchos más libros de cuentos que de novelas o de poesía, y hemos visto que el sub-género de microcuento está también presente y de hecho se está volviendo más popular, quizás porque se adapta bien a los nuevos formatos de consumo que vienen de la mano de Internet y las nuevas tecnologías. Un microcuento es, en efecto, fácil de leer, de publicar y se puede pasar muy rápidamente, de página.(M.Reyes/Palabras Más).
 
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