Sociedad
 Fecha:06/11/2014

Cochabamba o los Desvaríos de la Envidia


La comida y la modernización insulsa
Por Antonio Mayorga Ugarte

Foto: Eforo
-Foto: Eforo
Foto: Eforo
Esta conversación con H.C.F. Mansilla fue realizada a mediados del 2002 con algo del espíritu cochabambino. Hablando mal de los demás derivamos en una brevísima sociología interpretativa del ser y del quehacer de esta singular existencia colectiva llamada Cochabamba. Entre algo más que una botella de cerveza y un mar de ironías, viviseccionamos los desvaríos de cierta mentalidad que gozosa y aturdida vive inmersa en las aguas heladas del cálculo egoísta. Es cierto, en la llajta el día a día suele ser un baile con los espectros de la modernidad: dar fin, a hachazos, con el entorno; a dentelladas, con las entrañas de uno; a intrigas con la humanidad del otro (triste imperativo moderno, triste delirio metafísico: el mundo es lo que ego alcanza a sujetar/ a arrasar; el resto es silencio).
Una versión reducida fue publicada en el diario Los Tiempos, y, después, en AtaralaratA  nº 14, ésta, la versión completa. En el transcurso de la conversación puede advertirse una indisimulada aversión y/o un desmayado desdén de Mansilla hacia nuestras variadas aunque no ingentes virtudes –las intelectuales, una de ellas. Quedando, así, en evidencia que la envidia no es sólo cochabambina (Antonio Mayorga Ugarte).
 
Antonio Mayorga Ugarte: Aunque detesto la metafísica y abomino su jerga sin sentido, empezaré preguntándole sobre lo que usted considera sea la cochabambinidad.
H.C.F. Mansilla: El sustantivo cochabambinidad me parece de una extrema artificialidad, me exonero de responder esa pregunta. 
¿No cree que hay un ser cochabambino?
No creo que haya una esencia indeleble, permanente que resista el paso de los tiempos y se llame la cochabambinidad; que pueda definir a los cochabambinos. Pero, al mismo tiempo, posiblemente hayan algunas costumbres, normas de comportamiento, que son extendidas en todo el país, pero que son propias de Cochabamba. Yo creo que aquí son ligeramente más acentuadas; eso podría ser. Ahora, como yo siempre he estado aquí de visita no las he observado adecuadamente. Pero por lo que he escuchado, por ejemplo, es una región del país donde la cultura de las artimañas está muy desarrollada, pero, como dice el refrán: “hay que cuidarse de la justicia chuquisaqueña, del agriado carácter de la mujer paceña, y de las mañas de los propios cochabambinos”. 
La cultura de las artimañas como uno de los rasgos sobresalientes de los cochabambinos…
No son sobresalientes, están ahí. Además no son necesariamente sobresalientes. Digo simplemente que esos rasgos están todavía fuertemente anclados. Es difícil medirlos empíricamente, es decir, si existen más o menos que en el resto del país, pero que existen no hay duda alguna. Yo diría que se debe a la alta densidad de población, sobretodo aquí en el valle central de Cochabamba, lo que genera la necesidad de engañarse mutuamente unos a otros, uno a costa del otro. Yo creo que eso es muy marcado. 
Si fuera, como usted dice, que la concentración demográfica provoca el que la envidia o la maña sean más profundas ¿Por qué no considerar que los japoneses podrían ser como los cochabambinos?
Yo supongo –conozco muy mal la cultura japonesa– que los japoneses han tenido una cultura muy diferente, probablemente 1200 años de un sistema altamente jerárquico, un sistema disciplinatorio muy fuerte, que no han tenido los cochabambinos. Entonces, lo que ha pasado aquí es precisamente que no ha habido un sistema de disciplinamiento social fuerte. Esa simpatiquísima tendencia a tratar mal, ningunear, acabar o rebajar todo mérito del prójimo es una tendencia de envidia muy marcada. En cambio la cultura japonesa es una cultura jerárquica que tiene una nobleza relativamente fuerte, que ha sido siempre bien vista. En cambio aquí las elites son cambiantes, cada momento hay otra nueva. Son elites torpes, de mal gusto. El único mérito es el haber usado artimañas para abrirse paso. Entonces lo que ha faltado aquí es precisamente un sistema japonés, un sistema singular que haya durado milenios de disciplinamiento efectivo de la población. Aquí lamentablemente falta todo eso. 
¿Usted cree que envidia y maña excesivas puedan ser derrotadas mediante la mano dura?
No, yo creo que eso puede ser disciplinado. No necesariamente con la mano dura, pero pueden ser disciplinados por una cultura que realmente tenga dos aspectos, que yo creo que aquí no hay. Primer aspecto que efectivamente premie los méritos individuales. Yo creo que eso no hay aquí, yo creo que aquí lo que premian es estar en la cresta de la ola colectiva, ese es el premio. En realidad es una simple variante del colectivismo pero no del individualismo. Luego, lo que posiblemente no ha habido aquí es una buena educación formal, como ha habido en el Japón. Una buena educación formal que incluye el respeto estricto a normas colectivas, a leyes. En cambio aquí la ley es el castigo que dice: “todo para el amigo, la ley para el enemigo”. Eso quiere decir que la ley aquí está considerada como lo negativo por excelencia, no como el vehículo que nos evita comernos unos a los otros. Ahora bien, existen algunos méritos, aspectos que se han modificado favorablemente en los últimos 20 años. Por ejemplo, las chicas. Ha habido una mutación genética que les ha reducido el contorno de las caderas, se han vuelto más esbeltas, el cuello se ha estirado, las piernas se han alargado, la cara ha mejorado. No hay duda que esos elementos de la cochabambinidad, que también se pueden encontrar, son elementos evolutivos importantes. 
Pero, ¿no será que, justamente, la evolución de la belleza de las cochabambinas puede agudizar la indisciplina de los cochabambinos? 
No creo porque hay muchas. Es decir, no es una competencia por muy pocas de ellas. Como es un número muy elevado creo que hay para todos. 
Bueno, hemos logrado desembarazarnos de los contenidos metafísicos y esencialistas de la cochabambinidad para resaltar rasgos más concretos y decisivos: la anatomía de las cochabambinas, por ejemplo. Pero volvamos a los otros rasgos, también, determinantes. Según usted, la fuerte concentración demográfica y el desencantamiento de las normas y reglas hace a los cochabambinos envidiosos y mañosos…
Sí. Es decir, no son diferentes del resto de los bolivianos y en el fondo no son diferentes al resto del mundo. No hay una diferencia fundamental con el resto del género humano. Son pequeñas cosas cuantitativas y no cualitativas. Quiero dejar esto en forma clarísima para evitar malos entendidos. Son pequeñas exacerbaciones que posiblemente sean temporales. Yo no creo que exista una esencia, ni de la bolivianidad, ni de ninguna cosa semejante. Yo creo que hasta los rasgos de la Bolivia profunda son pasajeros. Y le mencionaré el principal rasgo: el político, que en su mayor parte es detestable. Una masa enorme de ingenuos que se dejan manipular por una cantidad pequeña de pícaros, malhechores y cínicos. Pero hasta este rasgo es pasajero, no es esencialista, y, por lo tanto, en algún momento probablemente desaparezca. 
Además de esos rasgos, cuáles otros ha percibido.
Yo diría que un rasgo que se nota es el servilismo. No solamente eso sino la tendencia a creer que uno siempre tiene la razón. Aquí, los taxistas, las empresas, el servicio público, el Estado –sólo un poquito más marcadamente que el resto del país– tratan a los habitantes como meros súbditos, como a recursos humanos. La persona normal es la que agradece al taxista, el comprador es el que agradece al vendedor, el ciudadano es el que agradece al funcionario público y no al revés. Se nota claramente cuáles y cómo están los valores. O sea, ser comprador, ciudadano, consumidor, usuario de servicios públicos, aquí no es lo mejor. Obviamente todo esto afecta. Los servicios públicos no existen para los ciudadanos sino los ciudadanos para los servicios públicos. 
Por lo tanto, nota usted que aquí habría una excesiva atención o sumisión hacia la autoridad…
Simplemente son más manipulables, se nota claramente, por observación. Además no se precisa verificación, empírica ni documentalmente. Lo que se nota aquí es que la gente protesta y protesta muy enérgicamente por cosas nimias. Y por cosas realmente serias, como ser la gigantesca ineptitud de la administración pública, el mal servicio que prestan las empresas de servicio público; por eso la gente no protesta. La gente hace colas pacíficamente en los bancos, pierde su tiempo, que es el bien máximo porque es lo único absolutamente irreversible. Hasta el amor se lo puede conseguir de nuevo, pero el tiempo es el valor absolutamente máximo. La gente pierde el tiempo soberanamente de la forma más tonta. Ha sido así desde hace mucho tiempo, poco ha cambiado. Lo único que ha cambiado es la anatomía de las niñas. 
¿Y cómo considera usted que ideas importantes y predominantes en el país hayan sido, algunas épocas –pongamos como ejemplo la década de los 40 y 50, aunque puede abarcar casi todas –, producidas por cochabambinos?
En su mayoría, no todas. Ésta claro que el que haya una alta densidad poblacional y una tendencia a la envidia al prójimo, no quita que haya podido haber una concentración de talentos; porque además coincidimos en la época que usted menciona. En esa época todas las regiones orientales no jugaban ningún papel cultural, ni económico, ni político en la vida de la nación. Potosí, Chuquisaca y Tarija se hallaban en un estado de depresión económica  crónica. Entonces, en dos centros podían originarse esa masa crítica de intelectuales: en Cochabamba y en La Paz. Si se han originado aquí un par de ideas es una casualidad histórica, no creo que haya razones profundas para eso.
¿Usted no cree que el apego del cochabambino a ciertos excesos, cierta tendencia a…
A comer demasiado, a beber demasiado
Y a otras manifestaciones del ocio… ¿No cree que sean una forma de darle más tiempo a la creación artística y a la reflexión intelectual?
No. Yo tengo una opinión más bien negativa sobre esa tendencia a las grandes comilonas. Yo creo que en lo que se puede llamar el preconciente colectivo, aquí existe la memoria del hambre y del sacrificio, todavía muy recientes. La manía de comer en cantidades es simplemente una forma de demostrar que uno está lejos de esa situación de hambre, de que tal vez ha quedado en la memoria colectiva de la región. Igual, por ejemplo, que yo asocio esto a la manía de los cochabambinos por aplaudir el cemento, por aplaudir la cementación de la ciudad y el odio a los árboles. Yo creo que los árboles les recuerdan muy pronto el origen rural y la gente no quiere regresar, y por eso les gusta mucho no pensar en el origen rural que está muy cerca.
¿O sea, aquí se come y se adora la modernización, vía cemento, para olvidar?
Sí.
¿Pero usted no cree que ingentes cantidades de potosinos, de orureños; ingentes cantidades de gente pobre en este país no quiere olvidar el hambre, de la misma manera?
Claro. Pero usted me ha preguntado por la situación local.
Lo está poniendo como un rasgo específico de los cochabambinos…
No específico. Estas cosas que digo no son específicas, no son esencialistas. 
Se lo voy a poner de otra manera ¿Esas ingentes comilonas…
Donde la cantidad y no la calidad es lo que importa…
las realizan para olvidar, si es posible, el hambre?
Tienen un subconciente del hambre.
Tienen una memoria del hambre que no quieren recordar. Haciendo una mera formulación lógica ¿Por qué no en otros lugares, muy próximos a Cochabamba, donde también quieren olvidar el hambre, no tienen ese tipo de comportamiento?
¿Cuáles por ejemplo?
La de ingerir alimentos en cantidad profusa ¿Usted, no cree que es una creación de la cultura cochabambina?
No. Yo creo que no es una cosa que afecta a amplias regiones del país; tal vez con excepción de los orientales. Yo creo que afecta en el fondo a grandes porciones de todo el Tercer Mundo.
Pero no en todo el Tercer Mundo tienen esa afición a la comida. Le menciono que no me convence esa su explicación. La que me parece interesante es esa otra que señaló: la del mundo rural que se quiere olvidar. 
Y una vocación agraria que se perdió aquí desde 1953.
¿No cree que eso a sucede en todas las sociedades que han querido modernizarse?
Sí, también.
¿Cochabamba es una ciudad moderna culturalmente hablando?
¿Cómo medir? Es imposible decir cuál es la más moderna, es imposible eso. Pero obviamente Cochabamba se ha modernizado mucho más que las propias ciudades de la provincia cochabambina. Posiblemente, las pautas normativas de comportamiento, las reglas de la vida íntima, también sexual, sean mucho más conservadoras en el provincia cochabambina que en la capital. Eso es posible. 
¿Y no cree que esas pautas de comportamiento, esos valores culturales de Cochabamba, más próximos a lo moderno, se han desarrollado más que en otras ciudades bolivianas?
No. Tal vez Potosí, Oruro y Sucre estén digamos más atados a la tradición. Eso puede ser. Pero la pregunta de usted presupone una mención de fenómenos socioculturales. Los fenómenos socioculturales son muy difíciles de ser definidos con exactitud. Entonces lo único que puedo hacer yo es dar apreciaciones inexactas, apreciaciones que obviamente pueden estar equivocadas. 
Yo estaba tratando de atar sus argumentaciones. Hasta aquí usted ha establecido la envidia, la maña, los excesos de la comida y el apego a la modernización insulsa como rasgos de los cochabambinos.
Usted me hace decir que son rasgos cochabambinos. Yo no he dicho que sean rasgos cochabambinos; sino, digo simplemente, que se nota aquí. Y se nota ligera, ligeramente nada más.
Parece, además, que los cochabambinos son capaces de tolerar este tipo de observaciones sobre sus propias conductas…
Me alegra mucho que tengan esa tolerancia con los pobres visitantes, que se muestran generosos con personas que, de alguna manera, hacen una crítica sobre ellos. Ese es un rasgo que los enaltece.
Ha logrado mencionar, muy bondadosamente, un rasgo positivo en los cochabambinos… ¿No cree usted que la tolerancia es un rasgo propio de las sociedades modernas?
En parte. Ha habido también tolerancia muy amplia para las conductas, por ejemplo, bajo el imperio romano. Hasta el advenimiento del emperador Constantino, del establecimiento del cristianismo como religión obligatoria del Estado, el romano era terriblemente tolerante. Luego, la antigua Grecia, la Grecia clásica, la China. La tolerancia es un fenómeno que se ha dado en muchas épocas y lugares. Por ejemplo, a partir del siglo XVIII Gran Bretaña es un país que, más bien, fomenta estas excentricidades y las tolera relativamente bien. Y eso era antes de la modernización, era antes de la industrialización. O sea no creo que la tolerancia sea algo absolutamente ligado a la moderna sociedad industrial y democrática. 
Habría, entonces, que señalar a la tolerancia como rasgo expresivo de sociedades más o menos complejas y sofisticadas, sean o no modernas…
Sí, en algún caso, sí. Ahora allí hay que distinguir entre clases sociales. Yo creo que toda la gente culta, la que ha pasado por una universidad, la que ha recibido una educación, la que ha viajado y ha vivido en el exterior es gente normalmente mucho más tolerante que la gente provinciana que no ha salido. Claro, aquí o en la Conchinchina es más o menos lo mismo. Lo único que se nota en Cochabamba –por la alta densidad poblacional–, por ejemplo, es una envidia hacia cualquier éxito que pueda tener el vecino. En la administración pública, en la universidad, por ejemplo, se ven fenómenos de envidia. La envidia siempre se manifiesta donde hay fuerte concentración de gente. Lo cual es muy humano. En la Biblia ya aparecen estos ejemplos. Yo no quiero decir, otra vez repito, que hayan unas esencias definitorias en los cochabambinos, de algo semejante. Simplemente hay rasgos. Todas las sociedades humanas tienen, a pesar de la globalización –esa horrible marea uniformadora–, pequeños elementos que las diferencian.
Estábamos tratando de entender, justamente, la índole de esos rasgos particulares. Comprender e interpretar los comportamientos y las mentalidades quizá permita tener una idea más apropiada sobre cómo son las sociedades. Si logramos definir para cada particularidad, en este caso los cochabambinos, un conjunto de rasgos diferenciadores quizá podamos, también, dar cuenta sobre su propio devenir…
Con un buen estudio de mentalidades. Es algo que se ha hecho muy embrionariamente en Bolivia. Eso nos podría ayudar. Pero las personas que se han dedicado a esos estudios de mentalidades y comportamientos colectivos han tenido mala suerte, pienso solamente en la mayoría de ellas.
 
 
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