Cine Boliviano
 Fecha:09/02/2014

Fábulas del Perro y el Zorro


Acerca de Yvy Maraey, de Juan Carlos Valdivia
Por Marcelo Reyes

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En Yvy Maraey, su última película, Juan Carlos Valdivia continúa una reflexión comenzada en Zona Sur respecto de los cambios sociales que atraviesa el país. Si en Zona Sur la perspectiva era de una clase media alta encerrada en su casa/palacio de cristal, esta vez Valdivia invierte la fórmula, saliendo a campo abierto, desarrollando la trama en su mayoría en zonas rurales. Otra vez vemos el enfrentamiento “de clases”  apelando a un  término marxista tal vez fuera de tono en los tiempos que corren, por no encontrar uno mejor. En Bolivia, como allende, el conflicto no es solo de clases, sino de colores. El protagonista principal, interpretado por el mismo Valdivia,  un “karai” o “blancoide” se interna en el mundo de los guaraníes,  buscando  encontrar al indio “original”, aquel que todavía vive aislado del mundo exterior, en una supuesta “Tierra Sin Mal” dónde según el mito guaraní no existe castigo, desventuras o padeceres.  No está claro porqué sale en su busca, ni tampoco si lo encuentra, o sueña que lo encuentra, pero como en toda película de viaje o roadmovie lo interesante esta, como diría Manu Chao, “por la carretera”.

Así acompañando al protagonista en su utópica búsqueda, inspirada según referencias en la misma peli en los viajes de un oscuro explorador-cineasta europeo, el público va recibiendo reflexiones algunas muy directas, otras más sutiles sobre la identidad del boliviano y las relaciones entre los diversos grupos étnicos.

Por ejemplo está clara la contraposición de los dos personajes principales, en roles casi caricaturescos, el blanco de "buena familia" y adinerado y el indígena migrante, aunque esta vez de origen guaraní. El blanco es el conductor y dueño del vehículo, el indio sólo el pasajero. Claro que el indio puede bajarse cuando quiere, dejando al blanco sin guia y por tanto desorientado.

Si en Zona Sur Bolivia, nuestro país,  se podía identificar más o menos con la casa grande, ahora, esta identificación se traslada a la poderosa vagoneta cuatro por cuatro marca Jeep. La pregunta es quién la gobierna o la maneja. ¿Cabemos todos en ella? Esta metáfora de viaje se explota hasta el final, en dónde el auto es desmantelado  por los indígenas, los verdaderos, uno asume,  que de esta forma se apropian del instrumento de viaje.

Mucho más hay que hablar sobre este film, y por ahora sólo estiramos la punta del ovillo, queda mucho que decir por ejemplo interrogarse sobre algunos conceptos soltados por los  personajes principales, como  “la fiesta es lo que nos diferencia de los animales”, o “el cine es un arma de destrucción masiva” o “¿cómo sabes de qué manera  yo veo el mundo?”.

Lo indudable es que Juan Carlos Valdivia se consolida como el director más relevante del cine boliviano en la actualidad y uno de los pocos que se atreven a tratar, además con sobrada calidad cinematográfica, los temas candentes de nuestra realidad.
 

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